Las tecnologías digitales han transformado la manera en que niñas, niños y adolescentes construyen relaciones, aprenden y conviven, por lo que el reto no radica en rechazarlas, sino en fortalecer el acompañamiento familiar para favorecer un desarrollo saludable, afirmó el coordinador de Extensión, Vinculación y Servicio Social de la Facultad de Psicología y Educación (FPE), Alejandro Morales Herrera, quien reflexionó sobre el papel de las familias frente a estos cambios.
Explicó que los ecosistemas virtuales representan recientes formas de interacción que permiten a las personas generar comunidades, compartir intereses y establecer vínculos más allá de las fronteras geográficas.
Indicó que estas dinámicas se integran en la realidad cotidiana de las nuevas generaciones y constituyen espacios que pueden aportar aprendizajes significativos cuando existe orientación y cercanía por cuenta de las personas adultas.
Señaló que la principal preocupación surge en los casos en que las y los menores permanecen en estos escenarios sin supervisión ni diálogo.
Por ello, planteó que madres, padres y tutores conozcan las plataformas, videojuegos y aplicaciones que utilizan sus hijas e hijos, además de conversar con ellas y ellos sobre las experiencias que viven en internet, del mismo modo en que preguntan cómo transcurrió su jornada escolar.
Destacó la importancia de acordar tiempos para la coexistencia doméstica y evitar que el teléfono móvil se convierta en el recurso habitual para entretener a las niñeces mientras las personas adultas realizan otras actividades. Consideró que el empleo de estos aparatos ha de asumirse como una responsabilidad compartida, en la que la guía y el ejemplo dentro del hogar resultan determinantes.
Esto, luego de que el Consejo Estatal Contra las Adicciones (CECA) de Querétaro, presentó un programa para prevenir y atender las adicciones digitales, al advertir que el uso compulsivo de dispositivos tecnológicos puede afectar la salud mental.
Subrayó que la respuesta debe centrarse en fortalecer la comunicación familiar y el acompañamiento cotidiano, antes que responsabilizar únicamente a niñas, niños y adolescentes.









