Katia Lemus
Clavos, martillo, la corona de espinas, el gallo, la esponja, el pilar, el INRI, la caña, los dados, la lanza y la cruz que se colocan a los pies son algunos de los elementos del altar que hoy se coloca como parte de una tradición muy arraigada en el estado de Querétaro, principalmente en iglesias, plazas públicas, negocios y casas particulares, como preparación espiritual para la Semana Santa.
A una semana del Viernes Santo, la Diócesis de Querétaro recuerda la importancia del altar de Dolores, una tradición que hunde sus raíces en la época colonial y que sigue vigente en la ciudad.

José Martín Lara Becerril, vicario de la Diócesis, explicó que este altar se coloca el Viernes de Dolores, día dedicado a la Virgen María en su faceta Dolorosa, como preparación espiritual para contemplar la pasión y muerte de Jesucristo.
“El altar de Dolores es un altar realmente muy bonito, donde la Virgen ocupa el centro. La Virgen vestida de negro, vestida de morado o de algún otro color que haga referencia al luto y al dolor”.

Recordó que esta tradición se originó en España y fue traída a México durante la Colonia, pero aquí en Querétaro, la tradición se arraigó con fuerza en la ciudad.
“El altar se distingue por la imagen de la Virgen Dolorosa, con lágrimas en el rostro y un corazón atravesado por una espada, símbolo del sufrimiento anunciado por Simeón en el templo; además, se representan los siete dolores de María, momentos difíciles de su vida junto a su hijo Jesús”.

Enfatizó que, para la comunidad queretana, el altar de Dolores no solo es un signo de fe, sino también un legado cultural que cada año convoca a familias y parroquias a mantener viva una tradición que une historia, espiritualidad y memoria colectiva.
Entre los elementos característicos, detalló, destacan las naranjas agrias, que simbolizan la amargura de la muerte, adornadas con banderitas doradas o blancas que evocan la esperanza de la resurrección; el trigo germinado, cultivado en la oscuridad, cuyo tono pálido recuerda la ausencia de luz y la espera de la vida nueva.

“Los altares se distinguen por la presencia de la Virgen María al pie de la cruz, acompañada de elementos cargados de simbolismo. Entre ellos, las esencias y perfumes como mirra y jazmín, que evocan los ungüentos utilizados en tiempos de Jesús para contrarrestar el olor de la muerte. También se incluyen flores moradas y blancas, que representan el duelo y la esperanza de la resurrección”.
El agua, señaló, debe ser de diferentes colores, en especial blanco, verde, anaranjado y rojo (horchata, chía, limón, naranja, sandía o jamaica) que representan la pureza de la virgen, la esperanza de María en la resurrección de su hijo, el atardecer del Calvario durante la Crucifixión y la sangre derramada por cristo para la redención de los hombres.

Otro detalle tradicional, recordó, es la manzanilla, cuyo aroma perfumado simboliza la santidad. En los espacios donde se coloca el altar suele aparecer la frase: “¿Aquí lloró la Virgen?”, a la que se responde: “Sí, aquí lloró”, señal inequívoca de que allí se honra a María Dolorosa. Frente al altar, los fieles rezan el Estabat Mater, oración que recuerda a la Virgen al pie de la cruz.
Detalló que la tradición se completa con un gesto de hospitalidad: ofrecer a los visitantes agua de limón con chía; el limón, por su sabor agrio, simboliza el dolor de María, mientras que las semillas de chía representan sus lágrimas.
Aunque en parroquias fuera de la capital la práctica tiene menor presencia, en el centro de Querétaro el altar de Dolores sigue siendo una expresión de fe y cultura profundamente arraigada.









