Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, decía Jorge Santayana.
Y simplemente sexenio con sexenio los mexicanos repetimos el mismo patrón, presidentes autoritarios, unos más que otros, centralismo efectivo y excesivo; aunque en los últimos dos años las cosas son más visibles y la incomodidad a la crítica política, social y económica son temas intocables. Los reporteros a modo son aplaudidos y cualquier cuestionamiento que no es favorable para la presente, (SI, PRESIDENTE PORQUE ASÍ ES LO CORRECTO), es tomado como un ataque directo y notorio en las caras y voces de quienes tienen el poder.
Claro podemos hacer un análisis profundo de cada uno de los presidentes mexicanos, pero hoy le toca a Claudia Sheinbaum, ella es la cabeza de todo el país, nos guste o no, sin embargo, siguen echando culpas a todos, ellos se lavan las manos diciendo que fue Felipe Calderón, o Enrique Peña Nieto, o de quien no se venga a su mente, su trabajo (Y BIEN PAGADO) es hacer un mejor México, no echar culpas.
Con qué boca hablamos de clasismo, cuando la superioridad viene desde quienes están en el poder, como hablar de clarísimo cuando la clase media se está convirtiendo en baja, hablar de clasismo, cuando los periodistas tenemos dos, tres o más trabajos para poder sacar para solventar los gastos mensuales.
Y sí, tengo derecho a criticar al presidente de México, porque soy mexicano y no tengo ganas de ser atacado, nuevamente, por su ejército guinda mientras realizo mi trabajo.
Qué miedo, en verdad qué miedo que el fanatismo y enajenación hacia su figura se haya convertido en una arma social.









