Hay paradojas políticas que rayan en el cinismo, y la que encabeza la diputada Claudia Díaz Gayou es una de ellas. Mientras ostenta la bandera de defensora de los derechos de los periodistas e impulsa la iniciativa de ley para su protección, en los hechos demuestra un profundo desdén hacia el gremio que afirma proteger.
Por segunda ocasión, la legisladora dejó plantados a los medios de comunicación. La cita no era menor: se realizaría una conferencia de prensa en conjunto con el colectivo Equidad y Justicia para exponer los detalles de la Ley Alberto, un proyecto de suma relevancia pública pues busca reformar el Código Penal para castigar con severidad las denuncias falsas y la fabricación de pruebas dolosas, protegiendo así la presunción de inocencia. Los reporteros llegaron, los micrófonos se instalaron y el tiempo transcurrió, pero la protagonista del evento simplemente no apareció y sólo se disculpó.
Resulta irónico —por no decir alarmante— que quien pretende legislar para salvaguardar el trabajo periodístico sea la misma persona que vulnera y minimiza la labor cotidiana de los comunicadores. El tiempo de un periodista no es un recurso desechable en la agenda de un político; la impuntualidad sistemática y los desplantes son, en sí mismos, una falta de respeto al derecho a la información de la ciudadanía.
Impulsar una ley de protección a periodistas exige algo más que discursos elaborados y fotografías para las redes sociales; requiere coherencia, respeto y compromiso real con la libertad de expresión. De nada sirve redactar iniciativas en el papel si en la práctica se ningunea a quienes día a día cubren la nota. Si la diputada Claudia Díaz Gayou busca liderar una agenda de respeto al gremio, el primer paso inevitable es empezar por respetar a los periodistas que tiene enfrente.








