Katia Lemus
Ante la llegada de una de las festividades más arraigadas y coloridas de la cultura mexicana, la Diócesis de Querétaro, a través de su vocero y vicario general, Martín Lara Becerril, destacó que las celebraciones del 1 y 2 de noviembre, correspondientes al Día de Todos los Santos y a los Fieles Difuntos, representan una misma celebración de fe dentro de la Iglesia Católica, la cual se funde de manera perfecta con las tradiciones prehispánicas de la sociedad queretana.
El presbítero explicó que esta festividad actúa como “una moneda con dos caras”: por un lado, la santidad y, por el otro, la memoria y el sufragio por los fieles difuntos, logrando un profundo ejercicio de inculturación religiosa.
Recordó que la veneración a los muertos en tierras mexicanas antecede a la llegada de la fe católica. Con gran habilidad pastoral, los misioneros evangelizadores lograron unificar ambas cosmovisiones, conservando elementos tradicionales arraigados en los pueblos originarios, como el emblemático altar de muertos, y entrelazándolos con los sacramentos católicos, particularmente la celebración de la Santa Eucaristía y el rezo del rosario.
“Es una fiesta también muy bonita, muy lúcida, de mucho color, de mucha alegría […] Los misioneros con muchísima habilidad hicieron una sola celebración que llamamos nosotros el Día de los Fieles Difuntos”.
Elementos indispensables del altar de muertos y su profundo sentido religioso
Ante la cercanía de las fechas, la Diócesis llamó a la ciudadanía para mantener viva la tradición de colocar altares en los hogares, subrayando que estos guardan un significado espiritual que va más allá de la estricta ornamentación.
“Los escalones y el camino simbolizan el trayecto que va desde la temporalidad (el mundo de los vivos) hasta la eternidad, marcando el puente de reencuentro entre quienes ya partieron y los que aún caminan en la tierra y el altar debe estar consagrado ya sea a los fieles difuntos en general o a un ser querido en particular”.
Lara Becerril aclaró que el altar representa el monumento estructural, mientras que la ofrenda comprende los elementos colocados sobre él, tradicionalmente alimentos y platillos que el difunto disfrutaba en vida como muestra de comunión y recuerdo afectivo.
Aunado a la colocación de altares, el vocero eclesial invitó a los fieles a acudir a los panteones a rezar por sus difuntos, transformando el dolor de la ausencia en una celebración de esperanza donde “los vivos nos preparamos a la eternidad y los que viven en ella se hacen cercanos a nosotros”.
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