Fernando Cañas
Hay despedidas que no cierran una historia, sino que la ponen en perspectiva. Este es el epílogo de tres décadas de servicio, aprendizaje y convicción.
Después de servir durante tantos años a la Cruz Roja Mexicana, ha llegado el momento de decir adiós. Pero también ha llegado el momento de hablar.
Quienes me conocen saben que siempre he sido una persona que prefiere decir las cosas de frente. Sin embargo, en esta ocasión no se me ha permitido sostener una conversación directa con las autoridades de la Delegación Estatal Querétaro para abordar esta situación como corresponde.
Lamento profundamente que una institución humanitaria, a la que he entregado cerca de 30 años de mi vida, haya optado por cerrar el diálogo en lugar de privilegiarlo.
Debo reconocer y agradecer la confianza que en su momento depositó en mí el delegado estatal, Eduardo Vera Alcocer. Gracias a esa confianza pude seguir sirviendo a la institución que ha sido mi hogar durante gran parte de mi vida. Sin embargo, considero desde mi perspectiva, que en los últimos meses las decisiones tomadas respecto a mi persona no han sido las correctas, e incluso considero que podrían haber partido de información incompleta, versiones no contrastadas o suposiciones.
Quienes me conocen saben que siempre he privilegiado el diálogo. Por esa razón intenté comunicarme directamente en diversas ocasiones; realicé llamadas telefónicas y envié correos electrónicos con la única intención de conversar, aclarar cualquier malentendido y evitar que esta situación escalara. Lamentablemente, no obtuve respuesta a dichas llamadas ni a los correos enviados. Quiero pensar que esta situación pudo derivar de información incompleta o interpretaciones erróneas en el proceso de toma de decisiones.
Los problemas se resuelven hablando de frente, con respeto y como adultos, no mediante mensajes transmitidos por terceros que, desde mi perspectiva, podrían percibirse como intimidatorios y generar inquietud o incertidumbre, ni reabriendo situaciones que ya habían sido tratadas personalmente, como siempre procuramos hacerlo, especialmente cuando, hasta mi entender, se trata de situaciones cuya interpretación podría no estar basada en información completa o plenamente verificada.
Quiero dejar muy claro que todas mis manifestaciones están documentadas y respaldadas. Considero importante proteger mi honor, mi nombre y el trabajo que he realizado durante casi tres décadas de servicio. Esa trayectoria la construí con esfuerzo, compromiso y lealtad, y merece ser respetada.
Antes de hablar del problema de fondo, quiero explicar brevemente qué ocurrió.
Durante las últimas semanas, y hasta donde fue de mi conocimiento, no se me notificó formalmente la existencia de algún procedimiento en mi contra, ni se me informaron los hechos concretos que se me pudieran atribuir, ni se me brindó la oportunidad de ejercer mi derecho de audiencia para aportar mi versión.
En otras palabras, se tomaron decisiones sobre mi participación institucional sin que me fuera posible exponer mi versión de los hechos, los cuales, a la fecha, desconozco.
Ante esa situación, el pasado 23 de junio decidí presentar mi baja como voluntario. Ese mismo día recibí una llamada telefónica en la que se me indicó, según lo que entendí en ese momento, que mientras el actual delegado estatal permaneciera al frente de la Delegación Estatal Querétaro, yo no podría participar en ninguna actividad como voluntario.
Ese tipo de mensajes pueden generar en el voluntario una percepción de indefensión; también generan un ambiente de incertidumbre y pueden percibirse como una forma de intimidación, algo incompatible con los principios de una institución humanitaria.
Quiero pensar nuevamente que esta situación pudo haber derivado de asesoría o de información que, desde mi perspectiva, no le fue suministrada de manera completa al delegado estatal.
Estoy convencido de que la Cruz Roja Mexicana es mucho más grande que las personas que circunstancialmente ocupan un cargo. Los delegados estatales y los Coordinadores Generales estatales son temporales; la institución y sus voluntarios permanecen.
La Cruz Roja Mexicana puede fortalecerse dejando atrás prácticas que limiten el diálogo, en las que prevalezcan decisiones unilaterales, el aislamiento de las personas o posibles dinámicas que pudieran interpretarse como excluyentes o discriminatorias, así como la ausencia de comunicación efectiva.
Esto no es un partido político; es una de las instituciones humanitarias más grandes del mundo. Su actuación debe estar guiada por sus Principios Fundamentales, por el respeto a la dignidad humana y por la garantía de un debido proceso para todos sus integrantes.
Pero el problema de la Cruz Roja es mucho más grande que mi historia.
Hoy quiero hacer un llamado para que la institución practique hacia adentro lo mismo que con tanto compromiso promueve hacia afuera: el respeto a la dignidad humana, la no discriminación y el reconocimiento de los derechos humanos que tenemos todas las personas.
Sueño con una Cruz Roja Mexicana en Querétaro que vuelva a estar en las calles, no únicamente prestando un servicio de ambulancias, sino presente en las comunidades donde más se le necesita; acompañando a las personas en situación de vulnerabilidad, llevando ayuda humanitaria, promoviendo la prevención, fortaleciendo la resiliencia comunitaria y ofreciendo servicios de salud de calidad para quienes menos tienen.
Sueño con una Cruz Roja Mexicana en Querétaro que vuelva a tocar puertas para invitar a las y los jóvenes a descubrir el voluntariado; que forme nuevas generaciones de líderes humanitarios y que inspire a más personas a poner su tiempo, su conocimiento y su corazón al servicio de los demás.
Sueño con una Cruz Roja Mexicana en Querétaro que vuelva a ser visible en las calles, en las colonias, en las escuelas, en las comunidades rurales y en los lugares donde la dignidad humana necesita ser defendida todos los días. Porque la Cruz Roja no nació para permanecer detrás de un escritorio; nació para estar cerca de las personas.
Sueño con una Cruz Roja Mexicana transparente, que informe de manera clara y accesible cómo se administran sus recursos y cuál es el destino de cada peso que la sociedad deposita en ella. Aunque la ley no obligue a una institución de asistencia privada a rendir cuentas públicamente, existe una obligación ética y moral con millones de personas que año con año confían en la Cruz Roja Mexicana y hacen posible su labor.
Cada donativo representa la confianza de una familia, de un estudiante, de un trabajador, de un empresario o de un adulto mayor que decidió aportar para ayudar a alguien que probablemente nunca conocerá. Esa confianza merece ser honrada con transparencia, rendición de cuentas y una administración ejemplar.
Sueño con un Hospital de Cruz Roja Mexicana en Querétaro que recupere plenamente su sentido humanitario; donde toda persona sea atendida con dignidad, respeto y calidad, sin importar su condición económica, social, origen, creencias o cualquier otra circunstancia.
Sueño con que ese hospital viva todos los días los Principios Fundamentales de Humanidad e Imparcialidad; donde el acceso a la atención médica esté guiado por la necesidad de las personas y no por otra consideración distinta al sufrimiento humano, siempre con pleno respeto a la legislación sanitaria mexicana.
Sueño con una Cruz Roja Mexicana que nunca olvide que su mayor patrimonio no son sus edificios, sus ambulancias o su infraestructura. Su mayor patrimonio son sus voluntarios, la confianza de la sociedad y los Principios Fundamentales que le han dado prestigio durante más de un siglo.
Sueño con una Cruz Roja Mexicana que construya un verdadero plan de carrera para sus voluntarias y voluntarios; donde el esfuerzo, la preparación, la experiencia y el compromiso humanitario sean el camino para asumir mayores responsabilidades. Una institución en la que cualquier voluntario, sin importar el lugar donde haya iniciado su servicio, pueda aspirar legítimamente a convertirse en Delegado Estatal, Coordinador General Estatal o Coordinador Nacional como resultado de su trabajo, su liderazgo y sus méritos. Estoy convencido de que quienes han dedicado años de su vida a servir bajo nuestros Principios Fundamentales son quienes mejor conocen el espíritu de la institución y quienes pueden fortalecerla desde el amor por nuestro emblema, nuestra misión y nuestros principios, garantizando que la Cruz Roja Mexicana siga siendo una organización guiada por el servicio y no por intereses ajenos a su vocación humanitaria.
Y sueño con una Cruz Roja Mexicana donde ningún voluntario tenga que levantar la voz para exigir el respeto que, desde el primer día, debió haber recibido.
Los cargos pasan. Los voluntarios permanecen. Y son ellos quienes, con su trabajo silencioso, profesional y desinteresado, sostienen la Cruz Roja Mexicana todos los días.
Por ellos, por quienes estuvieron antes que nosotros y por las nuevas generaciones de voluntarios, vale la pena alzar la voz.
Yo me voy con la frente en alto. Con la tranquilidad de haber servido durante casi treinta años con convicción, lealtad y amor por esta institución. Mi historia como voluntario termina aquí, pero mi compromiso con los Principios Fundamentales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja permanecerá para siempre.
Sin embargo, esta decisión no implica el abandono de los ideales que me llevaron a ingresar a la Cruz Roja Mexicana. Todo lo aprendido en materia de Restablecimiento del Contacto entre Familiares seguirá formando parte de mi vida y continuaré poniéndolo al servicio de quienes lo necesiten desde la sociedad civil. La preparación que recibí no pertenece en exclusiva a una institución; pertenece al compromiso con la dignidad humana. Desde mi ingreso a Juventud en 1996, he entendido que el verdadero sentido humanitario trasciende los emblemas institucionales.
Quiero dejar constancia, desde este momento, de que rechazo categóricamente cualquier manifestación que en el futuro se haga sobre mi persona y que no corresponda a hechos ciertos, verificables o que nunca me hayan sido notificados ni permitidos aclarar mediante el ejercicio de mi derecho de audiencia.
No aceptaré que mi nombre sea vinculado con rumores, versiones incompletas, interpretaciones sesgadas o hechos tergiversados que no reflejen la realidad. Durante todo este proceso se me negó la oportunidad de conocer formalmente las acusaciones o los hechos, si los hubiere, que llevaron al Delegado Estatal a negarme el pleno ejercicio de mis derechos como voluntario, y de responder a ellas; por ello, cualquier narrativa construida sin haberme escuchado carece, desde mi perspectiva, de la imparcialidad y del equilibrio que una institución como la Cruz Roja Mexicana debe garantizar.
Mi honor, mi trayectoria y casi treinta años de servicio merecen el mismo respeto que yo siempre procuré brindar a la institución.
Porque la Cruz Roja Mexicana merece algo mejor. Y sus voluntarios también.









