En la política se habla mucho de erradicar la violencia política en razón de género, la violencia de género y contra las infancias, lo cual no está mal, al contrario se aplauden los esfuerzos y las estrategias, aunque no siempre sean las óptimas o más funcionales.
Pero hay algo de lo que no se habla, y que es una constante en el gremio periodístico, la violencia, acoso y sexualización de las mujeres que ejercen la profesión.
¿Cómo combatir esas prácticas recurrentes que vienen desde los mismos funcionarios, colegas, militantes, simpatizantes y ciudadanos? Cuando se denuncia, el proceso es largo y cansado, lo cual hace que no se quiera denunciar o hablar del tema.
En Querétaro, hay funcionarios y “periodistas” señalados, pero como no existe una denuncia no se hace nada.
Es notorio e incómodo estar en las mismas salas, reuniones o conferencias, porque el descaro es sumamente evidente y aún así, la frase constante es: ya se le dijo que no sea así, pero no va a cambiar.
Actualmente se están realizando parlamentos abiertos para construir la iniciativa de ley para la “Protección de personas defensoras de derechos humanos y periodistas del estado de Querétaro”, la cual tendría que ser una iniciativa trabajada con aquellos que han sufrido violencia, acoso, persecución, daños patrimoniales, y amenazas de muerte, sin embargo, se ven actores que han sido denunciados como violentadores.
El ejercer miedo desde el poder, es el acto más vil que se puede hacer, porque los ves posando para la foto, los ves con la doble moral de ser buenos ciudadanos, buenos políticos, buenos periodistas; ¿qué tan vil y baja tiene que ser tu conciencia para jactarte de ser honorable?
El miedo se convierte en terror, y los actos de violencia contra las mujeres periodistas siguen impunes.









